84. Preparativos para una cena real
Transcurrida la hora y media, como por obra de un hechizo invisible, las ataduras que aprisionaban a Aelina se desvanecieron y la cabecera de esa cama volvió a la normalidad. La joven, que estuvo sumida en un sueño profundo producto del agotamiento se estremeció al sentir su cuerpo caer sobre el mullido colchón. Sus párpados, pesados como el plomo, se abrieron con dificultad, revelando unos ojos cansados que parpadearon varias veces para adaptarse a la tenue luz de la habitación.
A diferencia de