60. Una experiencia prohibida
La dura y erecta virilidad de Valdimir se abrió paso por la estrecha feminidad de Aelina, dándose cuenta cómo avanzaba cada vez más profundo. Aunque su intención era causarle dolor y hacerla llorar, el rostro de la joven reflejaba una experiencia distinta. Su boca entreabierta y sus ojos embelesados revelaban que el castigo de Valdimir resultaba más placentero de lo que ella e incluso el mismo Rey Lobo jamás hubieran imaginado.
Verla disfrutar intensificó aún más su excitación que él trataba de