29. El incómodo interrogatorio
Erik esperó pacientemente mientras ella daba un mordisco al pan, que aún despedía humo por lo calientito que estaba. Las migas se adhirieron a las comisuras de los labios de Aelina de forma descuidada y cuando el muchacho vio que se fijó en ese pequeño detalle por estarle viendo los labios a la Reina, agitó su cabeza para entrar en razón.
—Si me disculpa, la esperaré afuera... me informaron que debo acompañarla al Cuarto del Espejo —anunció Erik en un tono respetuoso.
—¿Cuarto del Espejo? —Y cua