Sin embargo, después de soltarlo, Serena volvió a sentir algo de miedo.
Especialmente con el viento y la lluvia golpeando afuera.
Dudó unos segundos, buscando desesperadamente una excusa que justificara lo que acababa de hacer.
Pero entonces se dio cuenta de que el hombre a su lado no emitía ningún sonido. Probablemente ya se había quedado dormido.
Serena dudó un poco:
—¿Señor Esteban...?
Esteban no respondió.
Serena suspiró.
Al parecer, efectivamente se había dormido.
Cerró los ojos y, pronto,