Alba se alejó al instante, Evan esbozó una sonrisa tierna, pensó que se debía su timidez.
—Ya me voy, pero mañana volveré para verte, te extrañaré, duerme tranquila.
Él tocó su mejilla con sus dedos, en una suave caricia, apenas lo hizo, un rubor cubrió las mejillas de Alba, él se alejó, lo vio irse.
Cuando se giró a mirar por el portón vio a ese hombre asqueroso, era Pedro Blanco, que le lanzaba besos desde otra esquina de la calle.
Alba sintió desprecio solo de verlo, lo odió, era su culpa