Bajaron del auto, y entraron a esa casa, era una preciosa mansión. Alba ya la conocía, Marisa estaba impresionada.
La empleada les indicó cuales serían sus habitaciones, una a lado de la otra.
—Gracias, señor Evan, es usted muy bueno —dijo Marisa, ella dio un ligero codazo a Alba, quien lo miró.
—Gracias —dijo con suavidad.
Cada una entró en su habitación.
Alba miró alrededor.
«¿Acaso no le he pagado con ese beso?», Alba tuvo que limpiar su boca al recordar, sus ojos se abrieron y se cerra