Alba retrocedió asustada, mirando sus grandes ojos, sin saber que decir o hacer.
—¡¿De donde la sacaste?!
La mirada de Evan era rabiosa, podía recordar todo lo que decía cada carta, era como si estuviese grabada en su mente.
«Rhys:
Aquí estoy, me hicieron conocer el infierno. Cambiar a mis héroes por fantasmas, sonreír por un momento, llorar por miles. Una jaula de oro, por un siglo de sufrimiento. Intercambié mi dignidad, por la fría comodidad de un cuidador.
Como quisiera que estuvieras a