Mia supo que su inocencia estaba probada, ahora debía lanzarla contra Arturo. Sintió un alivio, pero también un dolor.
«¿Qué tan poco me amas, Arturo? Qué dudas con tal crueldad de mì», pensó.
—Tenemos por lo menos la información del vehículo, tenemos la placa, ¡detendremos a esos desgraciados! —dijo el hombre y les pidió que pusieran la denuncia.
Mia y Luca fueron con un colega del hombre a la comisaría, quien los ayudó a poner la denuncia.
Salieron más tarde, pero les hicieron el favor de da