Amaranta empujó al hombre, mirò sus ojos con rabia.
—¿Qué crees que haces? ¿Por qué me haces esto? No quiero nada de ti. Vas a casarte con otra mujer, nunca me viste como una opción de tu amor, ¿ahora que quieres? Adiós, Enrique.
—¡Espera…!
Enrique tuvo que irse, mientras Amaranta caminaba por el jardín para ir a casa, cuando de forma inevitable su camino se cruzó con Mariza.
—¡Mariza…! Tú… ¿Lo viste?
Mariza tuvo que asentir, no iba a mentir.
Amaranta estaba avergonzada, tenìa ojos llorosos. Mar