Jorge aceleró, estaba asustado, pero no más que Mariza, quien logró ir por el niño y traerlo a la parte delantera, cubriéndolo con su cuerpo.
—¡Jorge, tengo miedo!
Jorge también lo tenìa, conducía rápido, quería perder a esos tipos, pero venían muy cerca.
El hombre decidió jugarse todo, y de pronto, frenó y se detuvo, sin apagar el motor.
—¡Jorge! ¿Qué haces? ¡Se acercan!
—Espera… —dijo espiándolos por el espejo trasero.
El auto se acercò, justo en el momento en que bajaron del auto y pusieron u