—¡Déjame, ayuda! —gritó, pero sintió que era imposible, esas manos asquerosas eran demasiado fuertes e intentaban arrancarle la ropa.
Luis puso su mano sobre su boca.
Ella luchaba, pero la inmovilizó.
Ella no podía pensar, solo imaginaba lo peor, quizás hasta podrían matarla.
Mía sintió terror, rabia, frustración, y un gran dolor.
Darina entró despacio, iba a gritar su nombre cuando escuchó un gruñido venir.
Ella caminó aún muy lento, con el corazón latir.
Darina observó la escena, y se puso tra