Jorge llegó a casa, observó a su esposa, estaba recostada en la cama, al lado de Lucas, ambos estaban durmiendo.
Jorge cargó a Lucas, y lo llevó a su pequeña cama. Le dio un dulce beso, y luego volvió a la recámara y se abrazó a Mariza.
Ella lo confortaba, porque dolía ver como su padre siempre le menospreciaba.
Mariza sintió su calor y se giró a verlo.
—¿Qué sucede? Te ves triste.
El hombre le sonriò.
—Estoy bien, y todo es por ti.
—¿Supiste algo de Amaranta?
Jorge negó con tristeza.
—Espero qu