Amaranta la vio a través de la ventana, sus ojos se llenaron de lágrimas, lo vio irse.
Así que se apresuró, limpió sus lágrimas. Tomó su maleta, y llamó a esa empleada con la que ya tenìa de su lado.
—Le enviaré un mensaje, señora, en cuanto logre despistar a los guardias.
Amaranta asintió.
—Su taxi la esperará en la esquina de la privada.
Amaranta le dio algo de dinero.
La mujer bajò, habló con los guardias, comenzó a coquetear con ellos, hasta llevar al par de hombres lejos de ahí, sin que ell