Luca corrió tras Catalina, logró alcanzarla antes de salir de casa, la abrazó con fuerza por detrás, estrechando su cintura.
Catalina rompió en llanto.
—¡Suéltame! ¡Déjame ir!
—¡No! Escúchame, por favor —dijo y la giró para que le mirara.
—¡Déjame! Si no crees en mí, está bien, comprendo que ya no me ames, pero déjame ir.
—¡Nunca! Mírame, no es verdad, estoy fingiendo, amor, tengo un plan para refundir a tu hermana en prisión.
Catalina se quedó perpleja, mirò a Luca incrédula.
—¡¿Qué?! —cuestion