Mia tenìa ojos al borde de llanto, estaba enrojecida hasta las raíces, aún tocaba su mejilla.
Intentó irse.
—Hija… —La palabra salió de la boca de la mujer de forma muy repentina.
Cuando Mia se giró sorprendida, Darina se dio cuenta de lo que dijo, hundió la mirada, no era lo que quería decir, entonces, ¿Por qué lo había dicho?
Rápidamente, su consciente obligó a pensar que la llamaba así porque era de esa forma en que llamaba a todas las mujeres menores a ella, pero, algo le decía muy dentr