—Entonces, me temo que no puedo ayudarles.
—¡Catalina, tu padre morirá sin esa operación! ¿Cómo puedes ser una mujer tan cruel?
Catalina rompió en llanto, se alejó de ellos.
Luca no dejó de mirarla, sentía odio y rabia al ver como lo despreciaba.
—Yo puedo casarme contigo, Luca, no tienes por qué pedirle nada a ella —dijo Ariel, casi como una súplica.
Ariel la mirò rabioso.
—Nunca me casaré contigo, hable con su hija, señora Miles, me temo que, si ella no cede, no podré ayudarles.
Luca tomó el