Mariza esbozó una sonrisa.
—¿Mi amante? No se equivoque, señor Jerónimo, yo no tengo amantes, eso déjelo para su esposa y su nueva nuera, yo no tengo amantes.
—¿No es este el hombre con el que te besaste y escapaste la otra vez?
—Este es el hombre que me besó a la fuerza y al que abofeteó, y le dije que no estaría con èl nunca, porque tengo un esposo al que amo. Así es, es èl, y no se rinde en acosarme, le estaba diciendo que se largara. Mejor, revise sus propios problemas, y no se meta en mis a