Enrique intentó detener a Jorge, antes de que cometiera una locura. Jorge golpeó el rostro de Enrique, escuchó los gritos de su padre.
—¡Deténganse!
Mientras Sylvia ayudaba a su hijo para que se levantara del suelo.
—¡Por favor, paren con esto! —gritó asustada al ver la sangre en la nariz de su hijo.
—Son un par de traidores, pero tú, Enrique, eres lo peor. ¿Por qué enredarte con esta mujer? ¿Qué ganabas? Ah, ya, ¿sentirte un poco como yo?
—¡Cállate! —gritó Enrique.
Mónica estaba de rodillas, s