Miro con desprecio a Roger cuando me hacen sentar en el sofá del fondo.
— ¿De verdad estás haciendo esto? — El hombre no me mira— Creí que eras alguien intachable.
— No entiendes, Helena.
— No. Está claro que no— me rio — Por eso me contrataste, ¿Para usarme?
— No la soporto.
— Púdrete, zorra— escupo.
Esta se acerca, pero London la retiene.
— No, bella. Aún no podemos ponerle las manos encima. Hay que llamar a Cillian y preparar una emboscada.
La emboscada se la hemos dado a él. Sin embargo, no