Estacionamos frente a la mansión y Cillian baja junto a los hombres de la camioneta que nos sigue. Abre mi puerta y me baja de la misma manera que me subió.
Mis pies descalzos no tocan el suelo.
Una vez adentro, creo que va a dejarme, pero no es así. Sin mirar atrás, hace su camino y nos lleva a la habitación donde me deja en la cama antes de alejarse.
Escucho cuando la puerta del baño se cierra de un portazo.
Me pongo de pie y con algo de precaución. Sin saber el porque ahora de su actitud