Después de nuestra caminata por el paseo marítimo subimos a la moto, es más de las cuatro cuando emprendemos el viaje de regreso. Estamos a unas calles de la casa cuando Cillian se detienen.
—¿Qué ocurre? —inquiero desde atrás.
Levanta su mano para que guarde silencio. Saca su móvil del bolsillo del pantalón.
Escucha atentamente lo que dicen.
—Vamos para allá ¿Por qué? —dice antes de mirar alrededor—Si fue a verme, es porque tiene lo que le pedí—escucha—De acuerdo, voy a dejar a Helena y nos ve