—¿Cuánto tiempo tendrás a Ares alejado?
Miro a Jared desde detrás del escritorio.
El mismo me ha dejado este lugar. Al parecer no le importa y, en cambio, parece satisfecho con esos.
—No se dé que hablas, soy viuda, ¿recuerdas?
Este resopla.
—Estás siendo obstinada.
—Lo sé, es una cualidad que creo herede de ti.
Ríe un poco.
—No cariño, eres obstinada y gruñona como lo era tu madre.
Lo miro.
—Crees que una dócil mujer iba a poder estar a mi lado —niega —no. Ella sabía plantarme cara —