Una serie de emociones me embarga en este momento.
Felicidad.
Asombro.
Enfado.
Pero definitivamente, la decepción es la que gana la batalla.
Sus ojos se encuentran con los míos y parpadeo alejando las lágrimas que quieren salir.
He llorado días a alguien que no lo merece.
Una persona que, como dijo Cillian, no confía en mí.
La presión de Lía sobre mí me hace regresar al presente.
—Tú estás muerto —espeta Lía con nerviosismo.
—Digamos que soy el espectro que acabara contigo hoy.
—No lo creo —ríe