Mientras el coche avanza por las calles de Nueva York no puedo dejar de pensar en que ya no tengo casa, trabajo y para colmo, hay una organización criminal que quiere verme muerta.
Una mañana perfecta.
Después de empacar algunas cosas en una bolsa de viaje, salimos del departamento.
Siento que acabo de entrar a otro mundo.
A mí lado, ladrando órdenes por su móvil está Cillian. El conducto y el copiloto no se inmutan ante el tono de este.
—Ya estamos llegando—dice el copiloto. El coche se deti