Que alguien me dispare y acabe con esta agonía que siento.
Mi cabeza está a punto de estallar, siento la boca seca, y tengo revuelto el estómago.
Algunos recuerdos de la noche anterior asaltan mi mente, me excedí en el alcohol y ahora pago las consecuencias.
Pero, de repente, recuerdo algo que no debió haber sucedido anoche.
Mi precaria confesión de amor.
El terror me invade.
Me cubro el rostro, mi ahogo un grito.
—Dios, ¿por qué soy tan bocona? —Susurro en medio de la solitaria habitación.
Baj