6. Regreso

Leandro

—Amor, quita esa carita —Lina, en bata de seda casi transparente, se sienta en mi regazo —acaso, ¿no te da gusto estar conmigo? —mete su cabeza entre mi cuello y mi hombro y siento sus lágrimas caer en mi camisa.

—No es eso, es solo que ya tardé demasiado y tengo que regresar a hacerme cargo de la empresa, ese fue el acuerdo —mi voz no tiene ninguna emoción.

—Pero ahora tú eres el jefe, el presidente, el dueño —su tono cambia a uno muy ambicioso, tal vez ya estoy alucinando —puedes hacer lo que sea.

—En eso te equivocas —la dejo a un lado y me coloco en pie —puede que sea el nuevo CEO, sin embargo, aún dependo de la junta directiva, y créeme; no están para nada contentos con esto. Mi esposa ya ha regresado y yo continúo sin aparecer en la oficina.

—Y realmente son esos viejos o quieres regresar con esa zorra —me giro y la beso sin responderle.

—Eso contesta o tengo que hacer algo más —le sonrío acorralando su cuerpo entre el mío y el sillón.

—Hazlo ya, no soporto no tenerte.

La tomo entre mis brazos y la llevo a la habitación, la aviento en la cama y disfruto de cada centímetro de su cuerpo. Llega la noche y después de una semana, tomo mi móvil para revisar si hay algo urgente.

Más de doscientos llamadas perdidas y miles de mensajes aparecen uno tras otros tras encender el aparato; ¿que puede ser tan urgente como para marcar tan desesperados? Entro a los correos y lo mismo, todo el mundo trata de comunicarse conmigo, decido marcar primero al vicepresidente.

—Bueno —su voz adormilada me recuerdo que estoy del otro lado del mundo.

—Omar, soy Leandro.

—Por fin apareces, ¿dónde demonios estás? La empresa necesita de ti, carajo Leandro; si para eso luchaste tanto, mejor me hubieras dejado a mi, parece que todo es un maldito chiste para ti, si no te presentas mañana, los viejos convocarán a junta para destituite, y entonces sí, nada de lo que sacrifiscaste habrá valido la pena.

Me cuelga sin decir más, camino de un lado a otro en la sala como león enjaulado; ¡maldita sea! No voy a permitir que nadie me quite mi lugar, mucho menos ese grupo de viejos. Tampoco le daré el gusto a mi padre de sacarme por violar los acuerdos del contrato.

Regreso a la habitación y tomo mi chaqueta, no me llevo nada más, salgo de su apartamento dejando solo una nota para avisarle que regreso al país y dinero en efectivo para su vuelo. Ya me las arreglaré con Isabel cuando regrese.

Lina

Mis planes están saliendo conforme a lo planeado, Leandro se casó con la hija de los Camarena, y ahora vive conmigo con todos los privilegios que ser el heredero y presidente de la empresa le dan, y yo, no voy a tener que volver a rebajarme ante nadie, soy prácticamente la dueña del mundo.

Cuánto gusto me dará ver la cara de su padre cuando me vea de su brazo en dos años, como la esposa de su adorado hijo; tanto quiso evitar que estuviéramos juntos, que insus amenazas pudieron separarnos, viejo estúpido, más temprano que tarde te voy hacer pagar por todo lo que me hiciste, y no solo tú, también tu querida esposa, y cuando al os se larguen de este mundo yo estaré ahí para consolar a Leandro.

La mañana llega y busco el calor de su cuerpo, su lado de la cama está frío, me levanto de golpe y busco por la habitación, no se escucha la ducha, salgo a la estancia principal, vacío; ¡maldita sea! No, calma Lina, tal vez solo fue por el desayuno, si debe ser eso.

Me relajo y vuelvo sobre mis pasos, al entrar en mi pieza voy directo a la mesita de noche para tomar el móvil y enviarle mensaje, tengo antojo de tostadas y las mejores son las del centro... ¿Que es esto? Una nota y un pequeño sobre manila; frunzo el ceño y tomo el papel para leerlo.

"Lina, tuve que tomar un vuelo de emergencia de regreso, los viejos no me están dejando oportunidad alguna, te dejo efectivo suficiente para compras y tu vuelo a la ciudad. Nos vemos en unos días, toma tu tiempo; prometo arreglar todo para tu llegada, el departamento sigue a tu nombre así que no tienes de que preocuparte. Leandro"

Arrugo la nota la nota y pisoteo el suelo, esto se sale por completo del plan original, se supone que tenía que quedarse por lo menos un mes aquí, sin ese idiota todos los días en mi cama, nada va a funcionar. Hago la peor rabieta del mundo, me coloco una almohada en el rostro para poder gritar sin que ningún vecino se queje. Tengo que salir ya mismo de aquí.

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