5. Jamás

Isabel

—¡Ah! —me despierto sudando y en completo pavor.

Por instinto me limpio los labios, miro a mi alrededor para verificar que me encuentro sola, es de noche y me encuentro en la habitación principal de la casa; me levanto y corro a la puerta para asegurarla con seguro.

Giro, me recargo en la fría superficie de madera, me dejó caer sentada en el suelo, me limpio la frente con la manga del camisón; no puede ser que no en mis sueños me deje en paz. Total si ya eligió su camino que no moleste.

En fin, regreso a la cama más tranquila, tomo un poco de agua de la jarrita de la mesa de noche, y me dispongo a continuar con mi descanso. La mañana llega como desde hace unas semanas, tranquila, sin maridos traidores, que me dejan disfrutar de este lugar solo para mí.

Solicito el desayuno en el jardín para cuatro personas, ayer antes de irme a dormir, quedé con mi amigas, así que hoy tendremos un desayuno de señoras, ahora que si ya soy una.

—Buen día, buen día —saludan mis locas al unísono.

—Que bueno que llegaron, vamos al jardín, el desayuno ya está más que listo —las abrazo y caminamos tomadas de las manos, como cuando íbamos al colegio.

—Y el tarado de tu esposo no ha regresado —Nat, sin filtros lo afirma.

—Nop, y no le quejo —aclaro —asi disfruto de momentos como estos, puedo continuar con mis planes, y sin perder tiempo en un hombre que prefiere a su amante, yo no estoy aquí por amor, es un contrato, yo cumplo mi rol como Esposa Trofeo, y el simplemente hace lo que tenga que hacer, pero no arruinemos el desayuno, mejor díganme que han hecho estos días sin mi.

—Lo que no hemos hecho, y ni te imaginas lo que nos pasó ese día del bar —Adri y sus locuras.

—Unos chicos guapos se acercaron para pasar una noche de copas loca, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja —nos reímos.

—Sí y no, más bien se nos acercó un tipo, así, guapísimo, de pasarela, un pote hermana —cierra los ojos y lo dibuja con las manos —no, no, no, un cuerpo, una cara, la voz, de esas que escuchas y ya quedaste de cinco meses en dos segundos.

—Ja, ja, ja, no es broma —continua Anna —tebjuro que era un hombre en todita la extensión de la palabra y con mayúsculas y negritas, y no se acercó por nosotras —niega con una sonrisa divertida.

—Dejame adivinar —las tres esperan por mi respuesta en mi pausa drámatica —era novio del papucho con el que estaba bailando —de repente siento un golpe en la cabeza.

—Eres, no creo ni tantito que te hagas tonta —Annita, siempre tan directa.

—¡Auch! Me dolió —me quejo pasando mi mano en la nuca.

—Es que en veradad no me explico como le haces para siempre ponerte tan abajo —me reprende Nat —Todos, bueno casi todos, tus padres son un caso imposible a parte; nos damos cuenta de la super mujer que eres, pero tú —entrecierra los ojos y me señala con su índice —es impresionante la falta de confiansa en ti misma.

—Por cierto —Adriana se acerca con la mirada acusadora —¿Cómo terminaste casada con ese nefasto de Leandro? La verdad ustedes no tienen nada que ver, y por como lo dijiste, prefirió quedarse en España con su ex; necesito respuestas. Y otra cosa, ¿por qué eñ tipo del bar conoce a tu maridito?

—Primero, por culpa de mis padres y en segunda por mi amada Rocío, ella no quería este matrimonio por su intercambio a Suiza; y digamos que mi padre no es el genio inversionista que pensamos. La verdad no se en que momento, vendió parte de sus acciones de la empresa e hizo un acuerdo nupcial con los padres de Leandro, entiendase que la novia debía ser mi hermana. Al irse ella, si yo no me casaba con ese tarado, pues mi familia perdía todo, no solo las acciones de la empresa, perdíamos la casa, las cuentas de banco, mi posibilidad de terminar mi carrera y obviamente mi adorada madre no puede vicir sin una semana de compras. Por si fuera poco, el gran bebeficiado es él, se queda con la presidencia de la Carmay, duramos dos años con este teatrito y al final me voy con una muy buena pasta en mis bolsillos —termino haciendo un ademan con las manos que índica mucho dinero.

—No creo que este mal ver por tu futuro —inicia Anna —lo que no me parece justo, es que mientras tú estás aquí encerrada, el se la pasa bomba con esa mujer —mi estómago se mueve como si tuviera un opanl de avejas en el.

—No me interesa —miento —el puede hacer de su vida un papalote si quiere, solo espero que cuando sea mi turno, me repete como yo lo estoy haciendo.

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