Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 5: Adiós Pasado, Nuevo Comienzo
Zoe soltó de mala gana de su agarre.
- Pues sí y para que veas que soy magnánimo, te puedes quedar en nuestra casa y prometo ir 2 veces por semana para ver a la niña y hasta te puedo dar una mensualidad de 10 mil para ustedes – mencionó buscando entrelazar sus manos - ¿te parece?
- Primero muerta antes que ser amante – dijo soltándose de forma brusca de su agarre.
- BIEN, COMO QUIERAS, PERO NO REGRESES A MI LLORANDO POR SI ALGO LE PASA A ESA BASTARDA.
- Que…
- Lo que escuchaste, así que más te vale que te portes bien o si no.
- Eso te digo, si intentas hacerle algo a mi hija, te enseñaré que esta mujer no es la esposa sumisa y solitaria que pensaste que era – declaró dando media vuelta para alejarse, detener un taxi y subirse para alejarse del lugar.
- PTM… Zoe… esta me la pagaras… - dijo rechinando los dientes mientras sacaba su celular – oye ¿ya estás en casa?
- Así es mi amor, pero ¿Por qué te escuchas furioso?
- Olvida eso y más te vale que eso que me dijiste funcione para poder controlar a esa idiota, porque si ella revela mis secretos me puede arruinar y eso significa adiós a la vida lujosa.
- Tranquilo mi amor, es el punto débil de mi querida hermanita y te aseguro que con eso la tendrás controladita.
- Bien… - dijo terminando la llamada – no importa que estemos divorciados, Zoe… eres mía y siempre estarás bajo mi control – declaró sonriendo con malicia.
Con eso dio media vuelta para ir a su auto, rumbo a cierto lugar para reunirse con Emma.
…
Zoe terminó en un hotel del centro y al estar a solas, se permitió llorar y gritar… aunque eso lo hizo con la ayuda de una almohada para no asustar a los otros huéspedes.
“Maldito Sebastián… todo lo que pasamos juntos, para que al final me diga que no sirvo para nada porque di a luz a una niña… ja… como si viviéramos en la antigüedad donde las mujeres eran un cero a la izquierda y luego el maldito cínico me dijo que sea la amante” – pensó golpeando con fuerza la almohada.
- Maldito, maldito… - decía golpeando con fuerza la pobre almohada – ojala quedes estéril, ah… imbécil, estúpido, animal, poco hombre, impotente… ¡AH!
Tras deformar ese suave objeto, se calmó, limpio su rostro y bajó al área de guardería para pasar a buscar a su Sofía.
- ¿Te portaste bien? – le preguntó a la pequeña al recibirla en sus brazos.
- Su hija es un amor, es calmada, bien portada y no llora mucho – comentó la encargada mientras le pasaba el bolso que había dejado con ropa para la menor.
- Hm… si, mi princesa es un amor - habló pagando el servicio.
- Bye Sofi, regresa cuando quieras.
- Dile adiós mi amor – mencionó Zoe moviendo con suavidad a su pequeña, quien ya estaba cerrando sus ojitos.
Tras eso regresó a su habitación, justo a tiempo cuando llegaba la comida que había pedido.
Con cuidado colocó a su pequeña en la cama y le hizo una barrera protectora con las almohadas para que ella descansara con comodidad en lo que cenaba.
Mientras cenaba su celular comenzó a sonar, pero solo lo silencio, ya se imaginaba quien le estaba llamando y para que… por lo que no deseaba contestar, al menos por esa noche ya no deseaba saber nada más sobre esa pareja de adúlteros.
Tras terminar, se cambió de ropa y se acomodó al lado de su pequeña para descansar un poco.
- Sofía… perdón por no encontrarte un padre adecuado, pero te juro que buscaremos ser felices – susurró mientras cerraba los ojos – descuida, mañana será nuestro nuevo comienzo, ya verás… nosotras saldremos adelante sin necesitar de su ayuda o de la supuesta familia que la vida nos dio.
A la mañana siguiente despertó con miles de llamadas perdidas y mensajes en su teléfono, pero simplemente dejó escapar un suspiro y archivo los chats de Emma, Sebastián y todos los parientes… simplemente ya no deseaba saber nada de ellos porque eran parte del pasado.
- Bueno mi amorcito, hoy te dejaré un rato con las amigas de la guardería en lo que mamá busca una nueva casa y trabajo – habló haciéndole cosquillas a su pequeña mientras le acomodaba sus ropas.
Tras dejar a la pequeña, empezó a buscar lugares en renta sintiendo como su celular seguía vibrando en su bolso, al sacarlo y ver que eran Emma y Sebastián quienes estaban llamándola, simplemente busco silenciarlos a ambos.
- No tengo tiempo para sus dramas – dijo mientras guardaba de nuevo su celular.
Con eso dicho comenzó a andar por las calles, rumbo al banco, ya que lo primero era dividir y administrar ese dinero que había obtenido.
El plan era poner un tercio en una inversión anual, otro en inversiones a largo plazo y el último tercio se usaría para gastos diarios.
Tras asegurarse de que todo estaba en orden e igual tenía el control total del dinero en su app bancaria, salió del banco con una gran sonrisa.
- Bueno ahora busquemos una casita, porque si soy sincera dudo encontrar un trabajo normal porque nadie acepta a una madre soltera, así que buscaré algún trabajo online – se lamentó mientras ingresaba a una tienda para comprar algo para desayunar.
Fue directo a una inmobiliaria para buscar un pequeño departamento en una buena ubicación con escuelas y comercios cercanos, por ahora algo pequeño estaba bien y cuando Sofía creciera… pues ya pensaría en mudarse o no.
Por suerte el encargado de la inmobiliaria fue amable y le enseñó unos departamentos económicos y con buena posición para que ella comprara.
Quedaron en verlos al día siguiente, porque otro encargado se había llevado las llaves de esos lugares.
Con todo arreglado, busco pasar a la tienda para comprar algo de fórmula y pañales, pero se encontró con una escena peculiar al terminar de pagar sus compras.
- Maldito viejo, ya deje de causarme problemas y págueme – uno de los encargados tenía acorralado a un hombre de la tercera edad, quien estaba sujetando con fuerza una botella de agua.
- Esto es mío – se quejó el mayor.
- Viejo mentiroso, lo tomaste de la tienda y se saliste sin pagar, así que me pagas o te haré pagar – declaró buscando arrebatársela.
- Nooo, esto es mío, ¡auxilio un ladrón! – el mayor trato de proteger la botella.
- Usted es el ladrón, viejo mentiroso.
- NOOO, AUXILIO, SOCORRO – gritaba el mayor captando la atención de todos los transeúntes que pasaban por el lugar.
- Viejo, ya verás te voy a pegar…
- Disculpa – Zoe no pudo evitar acercarse a ayudar.
- ¿Qué quiere? – preguntó de mala gana el vendedor.
- Nuera, aquí estás, ayúdame, por favor… este hombre quiere golpearme por tomar agua – el mayor corrió y se aferró a ella.
- ¿EH? ¿Nuera? – repitieron Zoe y el vendedor al mismo tiempo.







