Hannah miró a Madeline, que se acercaba a ella, y tras una breve pausa, ahora lloraba con más fuerza.
Madeline se arrodilló lentamente. “No llores”.
A través de su visión borrosa y llorosa, Hannah, vio aparecer frente a ella un pañuelo limpio.
“Límpiate las lágrimas. Deja de llorar”. Madeline la consoló: “Si uno de tus seres queridos supiera que estás llorando tanto, sin duda se sentiría angustiado”.
Al escuchar las palabras de Madeline, Hannah se rio de sí misma y habló despacio.
“He sido