Capítulo 32. Justo lo que estaba esperando.
— ¿Puedes dar unos pasos? Me gustaría verte hacerlo, claro que si esto te lastima mucho, no puedes o no quieres, no hay problema. — Dijo Aria observándolo, desde la confesión de ayer, ella había querido verlo haciendo esto.
— Puedo hacerlo, pero con un poco de dificultad y solo pocos pasos. — Accedió Lucien levantándose de la silla sosteniéndose de los reposabrazos de su silla de ruedas y Aria al ver esto se acercó de inmediato.
— Puedo ayudarte a hacerlo para que no te esfuerces demasiado. —