MADDISON
Estoy en la sala de espera, los nervios me matan y aunque sé que no son buenos para mi estado, es algo que no puedo evitar, en especial cuando recuerdo toda la sangre que brotaba de Levi, camino de un lado a otro, hace cinco minutos que Harley se marchó, estuvo conmigo en su hora de descanso y prometió que averiguaría qué ha pasado con él.
Estoy a nada de volver a interrumpir a la enfermera recepcionista, cuando llega la persona que menos tenía ganas de ver: Romina.
—¿En dónde está m