El estruendo de los bajos dentro del club parecía sacudirme el pecho con más fuerza a medida que avanzaba la noche. En el VIP Booth Número Tres, el ambiente no hacía más que volverse más ruidoso y descontrolado.
Marco, uno de los amigos de Leo, no había dejado de empujarme bebidas durante toda la noche. Seguía intentando hacerme beber, inventando una excusa tras otra.
Primero dijo que me ayudaría a relajarme. Luego aseguró que no era lo bastante fuerte como para emborracharme. Después dijo que