Una abrumadora ola de pánico se apoderó de mí al instante.
Me puse de pie de un salto y, sin perder un segundo, eché a correr.
—¡Oye! ¡Espera! —la profunda voz de Xavier resonó con claridad detrás de mí.
¡Maldita sea!
¿Por qué tenía que verme correr?
No podía dejar que Xavier me viera.
No podía descubrirme.
Aunque ya no era Mila Ruiz, estaba segura de que él ya sabía quién era realmente Camila De Osma.
No podía dejar que me atrapara.
¡No aquí, y mucho menos delante de Paulina!
Miré por encima d