—¡Bastardo! ¡Suéltame! —gritó Leo, con la voz casi ahogada por los bajos ensordecedores dentro del club.
Xavier seguía sujetando la muñeca de Leo con un agarre mortal.
—Pídele disculpas a Mila.
Haciendo una mueca de dolor, Leo soltó una risa burlona.
—¿Por qué? ¿Está ciego o qué, señor?
Sin decir una sola palabra de advertencia, Xavier lanzó un potente gancho de izquierda directo a la mandíbula de Leo.
¡Pum!
El golpe fue tan limpio que el cuerpo de Leo salió disparado contra la mesa. El sonido