Julieta no quería aceptarlo. ¿Por qué Leandro actuaba de esta forma? Que fuera tan gentil se sentía como el cálido sol de la mañana luego de infinitos días grises.
Ella se hundió en los brazos de Leandro y con la felicidad de mil vidas gritó:
—Leandro, ¿no me odias más? ¿Esto está pasando de verdad?
Él le acarició suavemente el rostro mientras la miraba con una dulce expresión:
—Julieta, déjalo atrás, ¿vale?
—Pero ¿y Dalila? Creí que me dejarías y la harías tu esposa.
—No, no. Julieta, esta v