Leandro caminó rápidamente hacia la cabecera de la cama y arrastró a aquella mujer pálida y frágil de la cama.
—Julieta ¿sigues fingiendo estar dormida? ¿Para qué fingir ser débil cuando tienes fuerza para pegarle a alguien?
Julieta abrió lentamente los ojos. Miró a ese hombre familiar, pero también desconocido, parado frente a ella. Sentía mareos.
—¿Qué, no tienes nada que explicar?
—¿Qué tengo que decir? ¿Me creerías?
Las preguntas hicieron que Leandro se quedara de piedra. Inexplicablemente s