Julieta quería moverse, pero las piernas entumecidas no se lo permitían. De repente, una poderosa mano tiró de su cabeza y la levantó de la cama.
— ¿No te atreves a contestar? Julieta, ¿por qué eres tan rastrera? ¿Ni siquiera puedes soportar la soledad por un día?
— Fui forzada...
—¿Forzada? Veo que estás muy contenta. ¿Cómo te forzaron?
El corazón de Julieta se hundió en el más profundo abismo de dolor al oír la burla de Leandro. La escena era tan caótica que hablaba por sí misma. ¿Acaso no te