Julieta esperó un momento y no recibió ninguna respuesta de Leandro. Se giró para mirarlo y dijo:
—Si el señor Cisneros está ocupado, entonces...
—Estoy libre —respondió Leandro.
Su respuesta dejó a Julieta sin posibilidad de dar marcha atrás.
No pudo evitar sentirse molesta.
Ella no quería invitar a Leandro a cenar. Solo sentía que, como un desconocido a quien nunca había visto antes, Leandro la había salvado dos veces, así que debía demostrarle su gratitud. De lo contrario, sería demasiado ext