Capítulo41
Julieta se incorporó de la cama, con los ojos hundidos, mientras gritaba:

—¡Dalila, no hagas nada!

Desde el otro lado del teléfono se escuchó la engreída voz de Dalila.

—Julieta, sé que llevas dos días buscando a don Camilo y, la verdad, me sorprende que hayas llamado a la policía. Te voy a dar esta única oportunidad. Si fallas, ¡solo podrás recoger su cadáver!

Julieta apretó los dientes y trató de calmarse.

—Está bien, dilo ya.

—Nos vemos en Villa del Oeste a las siete de la tarde —luego Dalil
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