Dalila le dirigió una sonrisa victoriosa a Julieta y luego apoyó la cabeza en los brazos de Leandro.
—Leandro, yo no empujé a Julieta, de verdad…
Leandro estaba fuera de la fuente cuando la dejó en el suelo. Bajó la vista y le dirigió una fría mirada de reojo.
—Tú sabes en tu interior si lo hiciste o no.
El cuerpo de Dalila se puso rígido. Le abrazó por la cintura y gritó:
—Leandro, no tengo motivos para empujarla. ¿Soy tan mala para ti? —Tosió varias veces mientras hablaba—. ¿Y por culpa de q