—Julieta, aunque Dalila se equivocó, ella es tu amiga. Ustedes solían ser como hermanas. ¿Realmente quieres que ella muera? Julieta, no puedes ser tan despiadada. Dalila no está comiendo ni bebiendo ahora. Ha perdido más de diez kilos. Dice que, si te niegas a perdonarla, no comerá. Para evitar que se suicide, su papá y yo la vigilamos 24 horas al día, Julieta... —La señora Ortega lloraba en voz alta.
Sus llantos atrajeron la atención de las personas cercanas y se agruparon alrededor de Julieta.