—No lo haré, no te abandonaré, Samuel. —Lloró Julieta—. Quiero verte crecer, ir a la escuela, a la universidad, casarte y tener hijos, y quiero acompañarte, siempre y para siempre…
Si no fuera a morir, realmente querría estar con él para siempre.
Samuel puso las manos a los lados y cerró el puño.
—Pero no te perdoné.
—Samuel, dame tiempo y lo sabrás todo, ¿está bien?
Los dos se abrazaron así durante un buen rato antes de que Samuel se separara de ella. Se dio la vuelta. La miró y la ayudó a arr