Después de media hora, Ismael entró corriendo en la sala. Tenía la frente cubierta de finas gotas de sudor por haber venido con tanta prisa, y aunque siempre era cuidadoso con la limpieza, tenía manchas de café en su camisa blanca.
—Julieta, ¿qué pasó? El cuerpo de tu mamá está abajo, ¿qué ocurre?
—Yo… estoy bien.
Al ver su expresión ansiosa, la nariz de Julieta se sonrojó un poco sin motivo. No era fácil ser amigo de ella, teniendo que estar constantemente en un estado de preocupación.
Solo des