Al pronunciar esas palabras, un silencio sepulcral cayó sobre la habitación, al punto de que la respiración de ambos se volvió extraordinariamente ruidosa.
Julieta miró a Leandro con frialdad. Estaba apostando. Esperaba que este hombre la creyera, aunque fuera una vez, al menos parcialmente.
—¿Estuviste fuera toda la noche, en la ciudad de Waldivia, solo por Ismael?
Esta pregunta dejó perpleja a Julieta. Estaba estupefacta y respondió:
—Leandro, fui por Iván, no por Ismael. Él podía confirmar