Leandro quiso enfadarse, pero cuando vio las gachas derramadas por todo el suelo y la mano de Dalila cortada, cambió de idea.
—Levántate. Voy a buscar a alguien que lo limpie.
—Pero el caldo…
—No tienes que preocuparte. Deja que la cuidadora te cure la mano y ve a descansar.
—¿Y Julieta? ¿Va a hacerle compañía?
Leandro se estaba enojando. Esta mujer era realmente difícil de tratar.
—Dalila, vete a tu cuarto. —Leandro subió un poco el tono.
Dalila supo que estaba enfadado y no se atrevió a decir