Tristán se aleja de mí y me recompongo. Volteo para verle en silencio.
De su traje saca un pañuelo, me lo tiende y, es cuando caigo en cuenta de que, en ninguno de los dos encuentros, hemos usado protección. Tengo un implante, pero eso no me protege de otros problemas.
—Dime que estás sano—murmuro con voz gutural.
Por un momento me mira sorprendido y al siguiente, su rostro de contraer.
—A diferencia de lo que puedas pensar, no me meto con todo lo que se me atraviesa.
Bufo.
—Preocupado debería