Es como si huyera. Le sigo el paso atravesando el jardín. El camino empedrado me hace difícil mi propósito. Con esfuerzo, lo sigo. Avanzo tratando de alcanzarle. Sus manos ensangrentadas y su camisa hecha girones no le importan.
No puedo evitar que mi corazón se rompa un poco más al verle.
¿Acaso es cierto?
Cabe la posibilidad de que Nancy haya orquestado todo un plan para que Tristán creyera que había muerto y yo, que él me abandono.
No.
No, es posible.
Oh, ¿sí?
— ¡Ay! — grito cuando tropiezo