Estoy acostada mirando el techo de la habitación. El sueño me esquiva y las palabras de Lucrecia no se apartan de mi cabeza. De verdad, Nancy tiene la mente tan retorcida como para arremeter contra una chica de dieciocho años y su padre.
Dos personas que, para ella, no representaban una amenaza.
O ¿sí?
Resoplo y me remuevo en la cama, cuando un ruido de algo cayendo en el pasillo me sobresalta. Me incorporo de inmediato y agudizo el oído tratando de escuchar.
Escucho una maldición y me levanto