51. Disculpas
El tiempo se me fue volando, Alessandro no es tan bruto como parece, aprende muy rápido, una campana en el exterior suena haciendo eco en los pasillos llenando cada rincón del edificio, al escucharlo los dedos largos y ágiles de Alessandro dejan de recorrer las teclas del piano, todos los demás comienzan a recoger sus cosas, el movimiento de los demás en el salón no nos resulta ajeno, pero ningunos de los dos nos movemos de donde estamos sentados, uno al lado del otro, no sé si me esté volviend