—Elly… Elly, despierta —la voz de Emma sonó urgente junto a su oído, mientras una mano sacudía suavemente, pero con firmeza, su hombro.
Al instante, los ojos de Elly se abrieron de golpe. Se incorporó de un salto, con la respiración entrecortada y agitada.
El sudor frío le empapaba la frente y el cuello. Su corazón latía con un ritmo doloroso, como si hubiera corrido kilómetros sin detenerse.
La imagen del cuerpo rígido, pálido y tendido sobre la fría mesa de operaciones seguía sintiéndose dema